domingo, 13 de junio de 2010

Sensibilidad y Testimonio

Crítica realizada por Haydeé Breslav (Escritora y crítica de arte) a raíz de la exposición en la Asociación Argentina de Actores:

“Quien no ha visto sino la miseria del hombre, no ha visto nada: es preciso que vea la miseria  de la mujer: el que no ha visto sino la miseria de la mujer, ha visto todavía muy poco; es menester que vea la miseria de la infancia”. Esto afirma Víctor Hugo en su novela fundamental.



Mucho es lo que ha visto María Lea Steirensis durante su vasta experiencia profesional-licenciada en Trabajo Social, se desempeña desde hace más de 20 años en el Consejo Nacional de la Niñez, Adolescencia y Familia-. Las facetas más conmovedoras de nuestro actual drama social, como el desamparo de la infancia, la pobreza, la marginación y la exclusión, le son conocidas, y elige expresarlas a través de la pintura: es así como se introduce en la sordidez de la gran ciudad y presenta al espectador el escándalo de los desposeídos.

No pretende redimirlos: tampoco intenta la denuncia, ni propone la polémica: se limita a decir la verdad, y lo hace poniendo de manifiesto un profundo sentimiento de piedad, que impregna toda su obra. Esa mirada compasiva, concentrada sobre todo en los niños, se plasma en una pintura de intenso contenido emotivo, acentuado por la notable verosimilitud de las imágenes.

Basia Kuperman, en cuyo taller, María inició su formación plástica, recuerda: “Durante el tiempo que estudiaba, ya transmitía a sus trabajos un clima sensible acorde a su personalidad, y ese lenguaje es el que con persistente autenticidad prevalece en sus pinturas”

Al dramatismo de la temática opone María la sobriedad de la realización: paleta mesurada, por momentos monocroma, aplicada con pinceladas fluidas y avivada ocasionalmente por alguna nota vibrante; relaciones compositivas, equilibradas  y armónicas; luces y sombras resueltas en sensibles valores de claroscuro. Estos elementos contribuyen a crear una atmósfera sutil, plena de significado expresivo; de ella emergen esas ásperas figuras, donde el realismo roza las fronteras del expresionismo para mostrar los rasgos más penosos é injustos de esta sociedad.

Ya se sabe que la miseria es multiforme, y no sería la primera vez que del dolor, y aún de la fealdad-no hay nada hermoso en la niñez desvalida-emanara una forma de belleza: con demasiada frecuencia, la recíproca también suele cumplirse. Así lo explica el pintor Pedro Gaeta: “A partir de una temática dolorosa, María realiza una obra que podemos llamar bella porque tiene unidad, coherencia y buena realización pictórica: entonces la dureza del tema resulta atenuada a través de su logrado tratamiento expresivo”

Y como los valores estéticos de la obra acentúan los testimoniales, la autora, acaso sin proponérselo, logra también una apasionada crítica social. La muda presencia de sus criaturas, puestas de manifiesto sin necesidad de explicarlas, ni mucho menos de justificarlas y lanzada como un grito a la sensibilidad del espectador.

Parece oportuno cerrar este comentario citando nuevamente a Víctor Hugo: “Todos los crímenes del hombre comienzan en el abandono del niño”. Las pinturas de María mucho dicen del niño, y mueven al espectador a pensar acerca del hombre. Bueno es que lo haga; las sentencias de los poetas auténticos siempre terminan por cumplirse.

Haydeé Breslav- Escritora y crítica de arte.

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